Llueve sobre mojado; como incide la lluvia en la vid ( te lo contamos con el refranero español).

Ahora que llevamos casi tres semanas en toda España con una lluvia incesante, nos “llueven” valga la redundancia, las preguntas sobre la lluvia y sus efectos en la viña.

La lluvia en los viñedos es esencial, ya que el agua actúa como un medio para transportar los nutrientes necesarios para que la vid, al igual que otras plantas, pueda desarrollarse adecuadamente. Sin embargo, no toda el agua es beneficiosa. En este artículo, analizaremos cómo impacta la lluvia en los viñedos.

Las precipitaciones pueden ser muy ventajosas o, por el contrario, causar serios daños, dependiendo de la época del año en la que ocurren y de la intensidad de la lluvia. Por eso, a continuación, te explicamos el efecto de la lluvia en las viñas.

Dado que la lluvia no está bajo control humano, los viticultores se encuentran en una constante incertidumbre a lo largo del año, confiando únicamente en estadísticas y sabiduría popular para intentar prever las precipitaciones.

Si deseas conocer cuándo y en qué cantidad es beneficiosa esta lluvia para los viñedos, sigue leyendo. Te ofrecemos esta información respaldada por nuestro refranero.

“La lluvia de enero engorda nuestra cosecha”

De acuerdo con este refrán, es evidente que los inviernos húmedos benefician la calidad del vino. La precipitación durante estos meses permite que se acumulen reservas de agua en el subsuelo, las cuales son muy útiles cuando la planta comienza a necesitarla en primavera.

La disponibilidad de agua en las capas profundas del suelo favorecerá un crecimiento vigoroso de las vides en los próximos meses. En cambio, si el invierno es seco, las plantas brotarán de forma lenta e irregular.

“En abril, aguas mil”

Mientras que las lluvias en invierno son siempre bienvenidas, en primavera pueden convertirse en un problema. Es fundamental estar atentos al clima y proteger las vides del exceso de agua.

Las plantas comienzan a despertar y requieren agua para crecer. Sin embargo, si llueve demasiado, la combinación de humedad y temperaturas templadas puede propiciar la aparición de hongos como la botrytis, el mildiu y el oídio.

Además, un exceso de lluvia puede promover un crecimiento desmedido de la vid, resultado en un aumento en la producción pero con una calidad inferior. Un problema adicional es que el suelo podría encharcarse y asfixiar a la planta.

Como en muchas situaciones, el equilibrio es clave. Tanto un diluvio primaveral como la falta total de lluvia son perjudiciales. Debido al cambio climático, las temperaturas están aumentando, y si no hay precipitaciones, las vides corren el riesgo. En este caso, será necesario implementar sistemas de riego.

“Aguas en San Juan quitan vino y no dan pan”

A finales de junio, alrededor de San Juan, los racimos jóvenes ya tienen pequeños granos verdes. Sin embargo, es una época en la que las tormentas son frecuentes. Si las lluvias son intensas o hay granizo, la cosecha podría verse seriamente afectada.

“Agua por la Virgen de agosto, año de mosto”

Los viñedos se benefician de días lluviosos en verano. Las tormentas estivales son generalmente breves, aunque pueden traer mucha agua en poco tiempo. El viento seco y las altas temperaturas ayudan a que la humedad no se acumule, manteniendo las uvas libres de hongos.

El agua en medio del calor veraniego asegura que la planta esté bien alimentada y garantiza una buena maduración de las uvas.

“Agua por San Mateo, puercas vendimias y gordos borregos”

Durante la fase final de maduración de las uvas, que ocurre a finales de septiembre o principios de octubre, la lluvia no es deseable. Según el refrán, “puercas vendimias” implica que la humedad durante la cosecha puede fomentar enfermedades fúngicas y el deterioro de los racimos.

Además, las uvas maduras pueden engordar debido al exceso de agua, lo que disminuye la concentración de azúcares y, por ende, la calidad.

Desde la cosecha hasta que la planta comience a brotar nuevamente a inicios de primavera, la lluvia que caiga sobre el viñedo le devolverá vitalidad y evitará problemas de déficit hídrico.

Por lo tanto, para que la lluvia sea favorable para los viticultores, debe presentarse en los momentos correctos y en las cantidades justas.

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